Poemas de la guerra .Santa Ana, julio de 1980.


¡¡Hace muchísimo tiempo…qué dimensión más cruel y misteriosa!!
tiemblan mente y corazón …aunque tiernas, sintieron el fuego del destino.
Comenzaban los ochenta del siglo pasado.
Un soplo…y toda una vida
La guerra unía y separaba a miles, no fuimos la excepción,
tan fugaz e intensamente pasaba todo.
¡Qué vértigo, y qué caída!
Luz y oscuridad entremezcladas, entre el aroma del paraíso y la nada.
Un corazón rebosante y el alma ardiente,
peleando, creyendo vencerlo TODO
El mundo cabía en la mano, como una ilusión hecha espíritu divino
Y el infinito solo era una sombra …navegando sin brújula y sin remo
Pues la eternidad nos cobijaba,
en aquella oscura noche donde felices naufragamos
porque en ella moraba una rosa, indescriptible y perpetuamente bella
¡Blanca y pura como la nieve!
No vi jamás, ni sentí la divinidad tan cercana…
Blanca y pura como el alma sin mancilla, que aún no se atreve a más amor que al que nace del árbol frondoso y perfecto, de mi entonces fugaz paraíso
Padecimos el temor a la metralla…pero eso no fue nada
o el rugido del cañón en la montaña…tampoco eso importó
Pero sí la explosión del primer amor,
más fuerte y temible que toda aquella violencia ciega.
Que Dios aún mantiene anotada en el misterioso libro de la Vida.
Espero un juicio pronto y justo, más allá del doloroso e imbatible tiempo,
del impenetrable espacio, que aun en sus recuerdos, cambió para siempre
dejando algunos y tan minúsculos detalles…vientos que se perdieron para no volver jamás.
Tan blanca y pura…como su nombre,
volaste tan, pero tan lejos
que las notas del violín aún lloran,
incapaces de expresar esa armonía que nunca volverá
por ese tiempo,
por ese espacio
por esa vida…
Por el reencuentro fallido en tierras lejanas
de aquel amor incendiado, que rodó
iluminando en su caída no lo profundo
de un abismo, sino de un cielo vedado a los mortales,
que no merecieron ver a Dios.
Pero hay aún clemencia
este universo misterioso que hoy seguro nos acoge,
en el manso y santo recuerdo, donde un día nos meció un Ángel.

Blanca y pura, como el alma que presa en este espacio y tiempo
Dios mira compasivo, restañando las heridas
Con un bálsamo sacado del mismo paraíso
Donde un día creó para siempre
Aquella inmortal, Blanca y pura rosa edénica
La misma que hoy aun acompaña
este arduo y largo caminar hacia las cumbres de una santidad rara,
del que busca la perfección, Blanca y pura
Como la nieve eterna, la misma que reposa
en el segundo exacto
Desde el cual Dios, compasivo
nos mira y restaña las heridas.
Las que aún después de quizás
muchos siglos, ya purificadas
dejen sentir su presencia
, en el suave y delicado misticismo
de aquella rosa, que vive
no en el recuerdo de este mundo, sino en las entrañas
de aquel corazón infinito que conoció un día.
El mismo que hoy atravesando un tiempo de abrojos y espinas
, y queriendo romper las barreras del destino, se inclina ante Dios y le pregunta: ¿por qué?

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