“ Presidente Donald Trump: ¿ángel o demonio? Opinando desde El Salvador ”


El ascenso del nuevo Presidente en EUA, Donald Trump, abre un sin número de controversias, muchas de las cuales, parecieran corresponder propagandísticamente a una sola agenda: la desacreditación de su política antiinmigrante.

Es valedero el hecho que gran parte de Latinoamérica, convirtió desde hace muchísimos años a la nación norteamericana en destino. En tal sentido, los descendientes de aquellos primeros inmigrantes, reclaman hoy derechos adquiridos por nacimiento, pero se olvidan que sus raíces se encuentran más al sur, y que la principal razón de haber migrado hacia aquella tierra, fue lo precario de las condiciones sociales, politicas y económicas en sus países de origen.

Esto pareciera reflejar puntos de contradicción, pero los defectos y virtudes del país anfitrión, nos deberían de hacer reflexionar si al final de nuestras vidas, ha valido la pena inclinar la balanza por un puñado de monedas, hacia donde hemos creído está la felicidad.

Difícilmente podremos dar órdenes a un presidente extranjero, en todo caso, sugerir; pero presionar con violencia ideológica o física, cualquier orden vinculada a su política interna, no es válido en ningún país del mundo civilizado.

Indudablemente existen interpretaciones al respecto, las cuales merecen ser mencionadas:

  1. El poder mundial no pareciera  estar interesado en obras de caridad, ni gastar lastima en aquellos que considera desde la visión más profunda de su errada  ideología hegemónica, como a seres inferiores, y seguramente sin categoría humana. Y si acaso les descubren cualidades especiales, serán usados en su gran maquinaria productiva, únicamente por el tiempo en que brillen sus talentos. Después serán descartados.

El mundo está dividido en potencias político-militares, las cuales en gran medida son herederas de los antiguos imperios desde el siglo XV. Y estos han fundado su poder en la implantación de un modelo de hegemonía, el cual, aunque ha sufrido modificaciones en su operatividad desde el siglo pasado, en esencia se sostienen a través de rescatarse como dueños y amos indiscutibles del control sobre la vida y muerte de las mayorías : biopolitica . Aquí entra el tema de la raza, o el derecho a la posesión del territorio, el cual tiene características especiales, porque los límites físicos de sus fronteras territoriales, no les impide dominar al resto del mundo en mayor o menor medida. Aquí se encuentra la penetración económica-política y militar, sintetizada en un modelo de ideología en continuo cambio, pero con derrotero definido.

Obviamente hay en todo esto una lógica muy clara y exitosa desde el punto de vista de la matemática geopolítica, pero carente de aquella justicia cristiana, que, para la mayor parte del mundo moderno, es vista como una debilidad inaceptable.

  1. Las migraciones de las periferias empobrecidas hacia estas zonas de poder imperial, se han maximizado en estos últimos decenios, lo cual ha provocado cambios propios dela cultura migrante, pero ya vistos con enorme malestar al interior de estos centros de hegemonía. Cualquier transgresión a sus leyes, será tratada con un rigor superlativo, pocas veces aplicado a sus conciudadanos anglosajones. Esto en ninguna manera es una apología a la violencia de algunos migrantes o sus descendientes, pero esto conlleva a la presunción de culpabilidad, y en esto radica en esencia la injusticia hacia estos sectores humanos.
  2.  No existe corruptor sin corrupto.

La pobreza de las periferias marginadas, no es solamente debida al pillaje de manos extranjeras, porque para realizarlo, se han servido de la avaricia desmesurada y carente de visión de nación de muchas generaciones de gobernantes, la mayoría reclutados y seducidos por la ideología del imperio. Con ellos hacen un pacto, donde se sacrifica al país entero, por asegurar beneficios económicos para sectores extremadamente pequeños de la población. Los tradicionales sectores gobernantes.

¿A qué se debe lo anterior? Porque la avaricia no es solo un pecado capital a secas, sino que tiene sus raíces ancladas en la profunda desigualdad que hemos arrastrado desde la época colonial en Latinoamérica. Y esta ni por cerca es solamente económica, sino su consecuencia. Me refiero al tema de lo racial, y al enorme mestizaje que se dio de manera violenta en sus inicios, transformando a los grupos originarios en seres con identidades hibridas, y casi en un limbo civilizatorio.

Una especie de fragmentación en medio de un caos de intereses, donde solo en apariencia se es igual, porque ontológicamente existe un precipicio de desigualdad.  De aquí proceden el clientelismo político, el nepotismo descarado, y el considerarse la política y sus cargos de carácter casi heredables. Por esto actualmente, empujar hacia el abismo de la migración a esta población desesperada, es un gran y suculento negocio.

Ahora ya convertido en una maquinaria casi inagotable de dinero, como lo es el narcotráfico y otros negocios tan demoniacos donde nada vale la vida humana, mucho menos lo más sagrado y fundamental “LA DIGNIDAD”. Enorme bulto económico que en poco o nada ha mejorado la pobreza fundamental de nuestros países, pero que si ha destruido el tejido social más sensible: la familia.

De aquí procede en grandísima medida que países como El Salvador, sean campeones en violencia social, y que muchos de nuestros mejores talentos mueran atravesando los infernales desiertos de la frontera México -EUA

 

Un país que no se ha atrevido a enfrentar esta tragedia nacional, y resolverla como se hace con un grave incendio, no debería llamarse país. Que de no resolverlo, ameritaría la ruptura inmediata con todo aquello que lo favorece y mantiene en el tiempo.

Por esta indiferencia criminal, muchos de nuestros compatriotas hoy sufren la persecución en países lejanos. Seguramente interesan los más de trecientos millones de dólares que mensualmente entran al país. Gravísimo error donde pesa más lo material comprado con sangre guanaca, que la felicidad de desarrollarse en la propia patria, luchando por construir un futuro exitoso para las presentes y futuras generaciones. Este sacrilegio nos alcanza a todos, en grave pecado de omisión.

Absolutamente nadie debería de acercarse a Dios, sin antes tratar de resolver este gran problema de nación. Quizás por esto el mundo va rumbo al gran Juicio Final, y para los que creemos en la trascendencia, estemos seguros que esto no favorecerá a nadie, si no intentamos resolverlo de manera sincera.

 

  1. 4. La pobreza humana es la resultante de aquel errado ejercicio del poder, y del desprecio de la propia identidad, porque esta se ha cancelada en aras de asimilarse al prestigio aparente que emana de los centros de poder mundial. Todo aquí se convierte en comercio burdo y cruel, donde el modelo patrimonialista del poder ejercido en todos los ámbitos institucionales, desecha a todo aquel que no encaja dentro de estas características genotípicas y fenotípicas. Aunque aquellos expulsados del sistema, posean las cualificaciones y capacidades intelectuales para llegar a construir una gran nación. Verán solo el color de su piel o su procedencia étnica, lo cual es una característica cultural errada dentro de la cual casi todos sin excepción hemos sido educados. Eternos destinatarios de aquellos guías materiales y espirituales, que en el fondo fingiendo muchos un incuestionable deseo benefactor, en el fondo pudieran ver- aunque de forma interesada-, solo al salvaje que hay que civilizar y ayudar. Otro colonialismo igualmente peligroso.
  2. 5. La reacción del Presidente Donald Trump y su política antiinmigrante se podría equiparar con la política anti ciudadana de países como El Salvador, donde la violencia cavernaria y los robos de Estado parece haberse convertido en moneda de curso legal. Donde nada pareciera funcionar, excepto la habilidad para mentir elegantemente y construir partidos políticos incompetentes para gobernar, o en el peor de los casos, armar guerras civiles donde los muertos los pondrá siempre el pueblo. Donde vemos marchar juntos , más de un cuarto de siglo después a excombatientes, los otrora enemigos obligados del Ejército Nacional y la guerrilla del FMLN, pero ya envejecidos, mutilados y algunos muy enfermos, reclamando con gran angustia derechos y pensiones. Vale aquí, más el poder que la vida y la dignidad. El dinero se esfuma con facilidad, y en graves carestías, crece la violencia y el descontento popular.

Por eso desde hace demasiadas décadas el país del norte se convirtió en refugio de millones de decepcionados, sacrificando muchos de ellos la dignidad de vivir de acuerdo a su rango, al cual deberían de tener derecho en una sociedad honesta, la cual, en el mejor de los casos, mirando al futuro, escogiera entre esos desterrados, al mejor capitán del barco llamado nación.

Pero en cambio, este talento desechado y empujado hacia aquellas tierras, si acaso aspiraría con escasas excepciones, a un modelo de servidumbre, la mayoría de las veces sin dignidad, y hasta en la ilegalidad jurídica.

¿Habrá justicia en todo esto? Porque para “hacerse de la vista gorda” viendo como centenares de compatriotas se marchan hacia un mundo extraño, que no es el nuestro, y al que eufemísticamente se considera un “hermano lejano”, hay que poseer un modelo especial de cultura, ¡¡ pero del cinismo y del holocausto programado; ¡porque donde perece la familia, muere la sociedad!!

A manera de conclusión:

La política migratoria de Donald Trump, seguirá siendo por mucho tiempo tema sensible, que levantará innumerables controversias, las cuales en su mayoría hasta ahora solamente se centran en destacar en forma negativa la visión norteamericana de su actual gobernante, pero en su forma más cruda.

Sin embargo, aceptemos que también de manera sospechosa y sistemática, se ocultan las raíces profundas de este tipo de migración desesperada; las cuales no se pueden limitar solamente a las consecuencias históricas del imperialismo, sino también a la indiscutible participación pasada y presente, de gobernantes impropiamente elegidos, por carecer del sentido de nación, y proyección hacia el futuro.

Y de no habernos atrevido a cultivar con mucho más ahínco hacia estos migrantes, no solo el respeto, sino principalmente: amor llevado a la acción, tal cual lo pudiéramos expresar con nuestra madre, padre o hermanos.

¡Ojalá no este lejano el día, en que toda esa descomunal fuerza migrante desplegada en tierras extranjeras, se volcara en nuestra patria, y así poder atrevernos a realizar la gran revolución para liberarnos del destino, hasta ahora casi inexorable, de convertirnos en migrantes!

 

 

 

 

 

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