EL SALVADOR (1980-2015): LA GUERRA DEL RESENTIMIENTO Y LA AVARICIA. (PARTE FINAL)


 HACIA UNA NUEVA COSMOVISIÓN.     

DEL RACISMO NEOCOLONIAL A LA  SOLIDARIDAD  EN EL SIGLO XXI.  

  1. RAICES HISTORICO-FILOSOFICAS DE LA AMBICIÓN Y RESENTIMIENTO EN EL SALVADOR.(1980-2015)

La construcción del Estado-nación  salvadoreño desde mediados del siglo XIX, ha sido un proceso caótico, y en  gran parte debido a una historia indisolublemente ligadas al mestizaje. Otras variables pueden ser rescatadas, pero las que nos ligan en los primeros niveles de sociabilidad, están ancladas en lo biológico. Esto no debería extrañarnos, porque sería un yerro si pusiéramos en duda la instrumentalización de “lo racial”, y de su papel decisivo en los sistemas de dominación.[1] No está demás observar, que la lectura autorizada del progreso y atraso en el mundo, casi nunca es atribuido al efecto sostenido de la marginación y empobrecimiento  en grande sectores de población. La magnitud de este problema, en gran medida se debe al enorme impacto de una avaricia  organizada, donde minorías y mayorías permanecen en continua lucha. Y este pecado capital, modernamente llamado “lucha por la supervivencia”, o “derecho del más fuerte”, pareciera responder a la fuerte convicción en la existencia de una  desigualdad radical, anclada más allá de lo biológico, alcanzado un carácter metafísico. El haber llegado a este límite, solamente puede ser explicado a partir del involucramiento histórico de todas las instituciones representativas del orden social. En tal sentido, acciones y omisiones acumuladas, dentro de una espiral donde las pasiones humanas, sumado a la ignorancia conexa de cosmovisiones dominadoras, han sido responsables del estancamiento de grandes regiones del planeta.

El colonialismo europeo es responsable en gran medida de este lastre cultural, pues fue utilizado como capital simbólico, para imponerse en el mundo indiano. Fenómeno similar se puede rescatar en otros proyectos de formación de Estados-nación de la época. En este sentido, las características antes mencionadas, merecen ser rescatadas para acercarnos al problema de los ciclos de la violencia en El Salvador.

  1. CONTEXTO HISTORICOFILOSOFICO.

El eurocentrismo se fortaleció como modelo cosmovisional, y se exportó con éxito a las ex colonias latinoamericanas;   merced a lo cual, llevó incluso a que desde finales del siglo XIX, se impulsara un movimiento modernizador centrado en el blanqueamiento de la población.

Para tal efecto, y dentro de las nuevas políticas reformistas, se generaron facilidades migratorias por los Gobiernos de aquella época[2],  para que paulatinamente pobladores de raza blanca, fuesen sustituyendo a los grupos raciales autóctonos (indígenas y mestizos) lo que había sido señalados  como responsables  del estancamiento y  subdesarrollo del naciente Estado salvadoreño.

El repunte de esta mentalidad, pareciera haberse reforzado desde principios del siglo XIX en Europa con el impulso de la industrialización, a partir del desarrollo paulatino del saber científico-técnico. Y que aproximadamente desde mediados del siglo ya mencionado, se impone por su prestigio en las élites dirigentes de las recién emancipadas ex colonia, desde México hasta la Patagonia.

En este ambiente de avances en la comprensión de la realidad material, se rescató la visión darwinista social principalmente impulsada por Herbert Spencer, y que subsumió la teoría evolutiva de Charles Darwin, y  el positivismo de Augusto Comte. Su impacto fue enorme y fácilmente asimilado, debido a que reforzó las ambiciones heredadas desde el momento de la conquista de América por los españoles.[3]

El imaginario de la blancura ligado a la superioridad de la raza, se reimpuso, dotando a las élites dirigentes del argumento científico autorizado, para construir un modelo superior de Estado-nación. En consecuencia, y con algunas escasas excepciones, la jerarquía social, política y económica basada en aquella concepción del mundo, se buscó imponer a capa y espada.

La pobreza y marginación generacional, surgida desde aquella época, han creado el insumo hasta nuestros días para el resentimiento social, no solo en El Salvador sino en toda Latinoamérica.

Error que  ha implicado grandes sufrimientos sociales, a consecuencia de la pauperización  derivada de la astronómica concentración de la riqueza, cuya explicación rebasa lo simplemente económico y político, para acercarse a lo metafísico y teológico.[4] Esta desigual manera de existir, ha conducido de manera concreta a millones de humanos, a un deterioro físico y espiritual, lo cual ha potenciado un tipo de cultura en resistencia, proclive al resentimiento y violencia. Una trágica constante, a lo largo de más de quinientos años desde la conquista española.[5]

Pero lo más temible  de todo esto, es que al interior de tales concepciones cientificistas,  existe un ser humano lastrado de intereses y pasiones , con las cuales construye sus aspiraciones,  y modela su manera de acercarse al mundo con lo que considera bueno y apetecible, más que lo excelente y justo. Seguramente con lo anterior, nos acercamos al problema metafísico y teológico del por qué del mal en el mundo, y del misterio que encierra el no percibir el sentido de la finitud, en el contexto de la existencia humana, como proyecto individual y colectivo.

La reflexión por el valor relativo y engañoso de las riquezas materiales, así como de las injusticias cometidas por aquellos que las convierten en un fin y no en un medio, se ha venido expresando por los sabios griegos desde hace más de dos mil cuatrocientos  años, como bien se lee en el siguiente texto: “Además, es mi voluntad que se les juzgue en desnudez absoluta, libre de lo que les rodea, y que para ello no sean juzgados, sino después de la muerte.”[6] 

  • El SALVADOR: REBELIONES XIX-XXI.

Este binomio  explosivo que une resentimiento y ambición, ha creado y fortalecido el Ejército desde finales del siglo XIX, el cual ejerce el derecho a la represión legítima  de la violencia. Función que ha podido ser opacada y obstaculizada, por haberse contaminado por las causales del mal histórico antes señalado, y cuya efectividad incluso ya en el año 2015, pareciera en algunos momentos, ser rebasada por el crimen organizado, el cual aglutina lo más tenebroso en avaricia y resentimiento.[7]  Además de la gran limitante del presupuesto asignado en materia de seguridad, el cual casi siempre ha sido mayor que el de educación y salud. ¿Qué significado tiene esto, no solamente en nuestro país, sino en el resto del mundo?[8]

Un proyecto cosmovisional específico, se ha encargado de construir un tipo de conciencia colectiva afín a este modelo de ejercicio del poder.  A esto se ha sumado, la enorme presión del imaginario colonial, que anclado en el subconsciente colectivo, ya sea en forma de ambición o resentimiento, se ha transformado fácilmente en  insumo imprescindible, para cualquier ideología que pretenda liderar un país como el nuestro. Y con no poca razón, porque la desintegración y polarización social, producto del  sometimiento, invisibilizacion y empobrecimiento histórico, son combustible poderoso para mover  los motores de cualquier guerra. Por tal razón  aquellos grupos raciales  que heredaron la hybris que ligó blancura y poder, se convirtieron en ávidos  acumuladores de un nivel de  riqueza peligroso -material y simbólica-,  en desmedro de grandes mayorías . Esta ambición irracional desde el punto de vista humanista, y que se estableció como derecho de propiedad de un sector minoritario, ha sido en gran medida, el detonante indiscutible del interminable ciclo de violencia que ha sacudido El Salvador. Pero no me refiero solamente a la violencia que genera la muerte inmediata, durante una guerra, o un asalto, sino principalmente la que sacude la estructura social del día a día, infectando lugares de trabajo como escuelas, oficinas privadas y estatales, hospitales, universidades, partidos políticos, sindicatos, etc.  Con seguridad, aquí tenemos demostrada una de las causales del subdesarrollo, el cual no resolveremos únicamente con dinero, sino con dignificación integral.[9]

En noviembre de 1932, a escasos diez meses de ocurrido el levantamiento campesino , el Boletín Oficial de la Policía decía lo siguiente:

La clase más elevada, que no delinque, porque es natural y orgánicamente honrada por efecto del sentido moral de los sentimientos religiosos, con la sola sanción de su propia conciencia y de la opinión pública, y como dice Spencer, por la sola costumbre hereditariamente adquirida.[10]

Lo cual demuestra que ya entrado el siglo XX, la violencia en El Salvador había cobrado mayor fuerza, principalmente por  el crecimiento y presión poblacional sobre  las estructuras sociales. Tónica que se mantuvo durante  todo el siglo XX, y que han sido  un factor decisivo en la polarización política hasta nuestros días. ¿Pero a qué viene toda esta reflexión? , simplemente porque todo acontecimiento trascendental que afecte  la vida personal, nacional o mundial, siempre debería de  pasar por el tribunal de la conciencia histórica[11], y esta es de manera indiscutible,  el súmmum de lo individual y colectivo.

No cabe duda que gran parte del conflicto en El Salvador,  responde a la errática integración étnica, problema que también es rescatado en otros países del área, eje. México y Guatemala.   Porque estos sectores raciales –con muy escasa excepciones- , aún se encuentran relegados del protagonismo social necesario, para adentrarse en una jerarquía social que permita la movilidad de acuerdo al mérito personal. En atención a esto, no extraña que en su mayoría los grupos de choque tanto del ejército y la guerrilla, en los años de guerra civil de los ochenta, asimilaran grandes sectores campesinos y obreros Seguramente porque en estos sectores se encuentra  una fuente importante  de sometimiento, pero también de rebelión. Demostrando que  para el caso salvadoreño, lo racial puede ser identificado como variable importante  en los proyectos insurreccionales, más representativos  del recién pasado siglo: el levantamiento campesino de 1932, y la guerra civil de  1980-1990. De los cuales se podría expresar, que si bien buscaron en teoría la justicia social, no lograron romper el hilo conductor que aún nos mantiene atados al binomio del resentimiento y ambición. Fenómeno oscuro, que se arrastra desde los albores del nacimiento de El Salvador,  y que es preciso repensar a fin de construir un nuevo orden espiritual, sólida base para una gran nación.

CONCLUSION.

“Cercano está el Dios

y difícil es captarlo.

Pero donde hay peligro

crece lo que nos salva.”[12]

 

Hay dos grandes enfermedades que afligen  el país, y esto es  central para los  grupos de poder de ambos bandos: por un lado la ambición y la codicia extremas, y por el otro, un resentimiento heredado que cala  profundo y oscurece la inteligencia. Enfermedad con dos raíces profundas, que nos afecta a todos, sin distingo de clases políticas, económicas, sociales. Su alcance penetra la mente de ilustrados e ignorantes, llegando incluso a manifestarse, dentro de algunas tendencias religiosas.

Para curarnos, es preciso escalar con honestidad  e inteligencia, hacia las cumbres donde habita un ser humano nuevo, espejo de la divinidad.[13] Y despojarnos del inútil lastre de la avaricia, la ambición, el odio y resentimiento: “espejo de la muerte”. Desafiando aquellas soluciones que ya demostraron no admitir el perdón, mucho menos el olvido.[14] De aquí se origina, la propuesta heroica de apelar a un nivel de conciencia que no solo nos haga superarnos a nivel material, sino principalmente espiritual. Esta es una propuesta individual y colectiva, de la familia a la nación entera.

Solamente así, podremos aspirar a una paz verdadera, no solo en concepto, sino en esencia. Única  sólida base, para el avance y desarrollo integral de El Salvador.

—————————————————————————————————————————————–.
Notas.

[1] “Efectivamente, el racismo es discriminación, exclusión, prácticas discursivas. Pero también es instancia de dominación material, corporal, vital. Su capacidad para configurar y constituir sociedad hasta el día de hoy merece más consideración. ¿Qué es ese más del racismo? ¿Cómo opera y se manifiesta en nuestras sociedades?…“Cfr. Juan Pablo Gómez. Seguridad y racismo. Pensamiento Crítico Centroamericano/Grupo de Trabajo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO); coordinadores Alejandro Flores Aguilar, Clara arenas, Juan Pablo Gómez. ~ 1a Ed. ~Managua: UCA Publicaciones, 2014, p.2, 3.

[2] Por tal razón en la Memoria del Ministerio de Gobernación y Fomento de 1884 titulada “Colonización”, se hacía mención al hecho de que para este año aún no se poseían “… juntas de inmigración como las hay en países adelantados del Sur y Norte-América; por eso carecemos de esa corriente de vida que incesantemente llega a desentrañar la riqueza de sus campos, procedente de Alemania, Holanda, Francia, Inglaterra…”.  Cfr. Memoria de Gobernación y Fomento. 1884. “Memoria del Ministerio de Gobernación y Fomento presentada al Cuerpo Legislativo el 4 de febrero de 1884 por el Sr. Ministro General Don Adán Mora”, San Salvador, América Central, Sección: “Colonización”, p. 113. En el año de 1878 en el Departamento de Santa Ana, se valoró la inmigración como fuente de prosperidad para la economía de El Salvador. Cfr. Ibíd. “Inmigración”, en Boletín Municipal, Periódico Semanal, Órgano de los Intereses Municipales del Departamento de Santa Ana, Año 2, Enero 19 de 1878. NUM. 53, p. 1.

[3] La cosmovisión que se pretendió construir a partir del cientificismo positivista, brindó soporte a los cambios que se impulsaron en la sociedad entera. La concepción organicista ,  reforzó la antigua visión segregacionista, dentro de la cual indígenas y mestizos ocuparon-con escasas excepciones-, posiciones subalternas en lo político, económico y social. Un tipo de violencia histórica, que se arrastra hasta nuestros días. (N. del A.)

[4] “Opinion polarised between those, like the historian of America Fernandez de Oviedo and the humanist scholar Juan Gines de Sepúlveda who regarded the Indian as an irrational savage in need of civilising; and those, like most of the friars working in America, and Las Casas himself, who felt that Indians were in no way inferior to Spaniards.”Cfr. Henry Kamen, Spain, 1469-1714: A Society of Conflict, 2nd ed. (London: Longman, 1991), p.94,

[5] Es preciso recordar que durante el siglo diecinueve se dieron manifestaciones de violencia campesina, la primera en importancia ocurrió en el año de 1833, posteriormente en la segunda mitad del siglo diecinueve hubo sucesivamente en 1859, 1871, 1886 y en 1898. Esto pone en evidencia que en forma paralela a las presiones que se fueron efectuando en el contexto temporal liberal de las reformas en el agro  se dieron reacciones de parte de la población, la cual vio amenazada su seguridad material y cultural. Cfr. Ítalo López Vallecillos, El Periodismo en El Salvador: Bosquejo histórico-documental, precedido de apuntes sobre la prensa colonial hispanoamericana, UCA Editores, San Salvador, El Salvador, 1987, p. 297.

[6] Cfr. Gorgias o de la Retórica. En: Platón. Diálogos, 1996, p.201.

[7] El crimen organizado, parece responder a la búsqueda ciega del poder material. Por ello, ha recreado un monstruo que siempre ha tenido seguidores. Se nutre con las misma miserias que cruzan la frontera entre lo físico y metafísico. No tiene bandera, ni reconoce límites. Técnicamente, son un ejército mundial sin esperanza, destinados a exterminar y se exterminados. (N. del A.)

[8] La formación del Ejército salvadoreño se dio luego de las reformas liberales en el último tercio del siglo diecinueve. Cfr. Howard H. Lentner, State Formation in Central America: The Struggle for Autonomy, Development, and Democracy, Greenwood Press, Westport CT, 1993, pp. 107-108. «Las asignaciones de recursos destinados a fortalecer el aparato represivo de los nuevos Estados nacionales en América Latina, tendieron en numerosos casos a disminuir su viabilidad institucional (en tanto comprometían el desempeño de otras funciones irrenunciables)». Cfr. Oscar Oszlak, “Formación histórica del Estado en América Latina. (Elementos teórico-metodológicos para su estudio)”, en E Estado, Colección lectura universitarias, Vol. 8. Primera Edición, UCA/Editores. San Salvador, El Salvador, Centroamérica, 1979, p. 251. Podemos observar como los gastos oficiales ejecutados por el Gobierno de El Salvador en enero de 1896 reflejan la verdadera orientación económica y política de liberalismo de la época. Para la Cartera de Guerra se disponía de $57,641. 65; para la cartera de gobernación de $48.612.34; mientras que para la Cartera de Beneficencia únicamente se disponían $300; y para la Cartera de Instrucción pública de $13.200.72. Cfr. Diario Oficial, San Salvador, 29 de julio de 1892, Caja de la Tesorería General del mes de enero de 1896, publicado por la Tesorería general del Ejército y Hacienda: San Salvador, enero 31 de 1898. Autor: Fernando Ayala, p. 1427. Ver datos similares del comportamiento de las finanzas del Estado de El Salvador en: Diario Oficial, San Salvador, 18 de agosto 1898, p. 1563; Diario Oficial, San Salvador, enero 20 de 1896, p. 66; Diario Oficial, San Salvador, 1° de mayo de 1896, pp. 632-633. Ya en 1820, Pedro Molina había recalcado lo siguiente: “El mal puede hacerse en las personas o en las propiedades, que ninguno pueda quitar a otro lo que le pertenece… en dondequiera que la igualdad civil no alcanza al más mínimo de los asociados, no hay verdadera sociedad” en Pedro Molina, El Editor Constitucional, lunes, 28 de agosto de 1820, Núm. 8. Fol. 55, pp. 96-97.

[9] Una utopía así planteada, nos ofrece la posibilidad de generar soluciones –aunque a largo plazo-, para superar el determinismo de ideologías dogmáticas, y obstaculizadoras del enfrentamiento con el problema de fondo.

[10] Boletín Oficial de la policía, Órgano mensual de la dirección del cuerpo, Tomado del artículo “Los factores del delito. Lectura para oficiales” No. 5, San Salvador, Noviembre de 1932. Año I p. 43.

[11]Historical consciousness must raise itself above the procedure of a particular temporal epoch.”Cf.

Fredric R. Jameson and Rudolf A. Makkreel, trans., “3: The Rise of Hermeneutics (1900),” in Hermeneutics and the Study of History, by Wilhelm Dilthey, ed. Rudolf A. Makkreel and Frithjof Rodi (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1996), 258. Dilthey, “Chapter Four: Wilhelm Dilthey’s Critique of Historical Reason,” in Heidegger, Dilthey, and the Crisis of Historicism, by Charles R. Bambach (Ithaca, NY: Cornell University Press, 1995), 140

[12] F. Holderlin, Poesía completa, «Patmos», Barcelona, 1995, p.395.

[13] “El humanitarismo moderno que asimila el pathos de una simpatía naturalista, similar  a los animales gregarios, desprovista de la centralidad que debería ver al ser humano individual, como la dimensión divina donde convergen las fuerzas del mundo, las cuales manejamos desde la libertad.” Cfr. Max Scheler, Ressentiment, trans. Lewis B. Coser and William W. Holdheim (New York: Free Press of Glencoe, 1994), p.93.

[14] “El perdón consiste en recordar, pero de manera distinta, sin quedarnos rehenes del pasado. Se trata de poder superar la toxina que contienen las memorias de violencia y opresión, de no dejarse dominar por ella. El perdón y la reconciliación transforman nuestras vidas. Nos sacan del resentimiento y la amargura del pasado para lanzarnos a afrontar libremente un futuro nuevo.”  Cfr. Cinco claves de Espiritualidad Ignaciana. Una propuesta para las instituciones de la Compañía de Jesús, p.18. (Consultado en internet el 4.6.3015) https://es.scribd.com/doc/77769309/Cinco-Claves-Espiritualidad-Ignaciana.

    • JOSE TOMAS OLIVA MANCIA
    • 15/06/15

    Si ha habido un crimen tiene que haber una compensacion sino de que perdon se habla?

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