El Salvador ː Izquierda o derecha. Elecciones presidenciales 9 de marzo 2014. Parte 3.


Las ideologías siempre tendrán a la base un componente de utopía, y esto no es intrínsecamente malo; pues estas no representan per se  el  ocultamiento de una  pretendida verdad, sino el esfuerzo históricamente rastreable, por reactualizar exitosamente nuestro ser y estar  en el mundo. Oponerse a esto de manera radical, fácilmente nos podría conducir  a un nihilismo estéril e irresponsable, porque la humanidad no puede partir de cero cada vez que se enfrenta a la necesidad de ejecutar cambios para no sucumbir. Muchas guerras y crisis sociales pudieron haberse  evitado, si nos percatáramos del patrimonio acumulado al  paso de los siglos, así como de la pertinencia de muchos de los instrumentos construidos, no solo de carácter material como la rueda, el pararrayos, o el ordenador, sino de instituciones altamente complejas, que al sumarse forman culturas, y estas a su vez, determinan cosmovisiones, las cuales guardan una delicada y frágil armonía en el mundo. Para el iconoclasta nada de esto merece credibilidad, por eso le es fácil romper con todo,  cancelando discrecionalmente lo que no encaja con su pretendida metodología científica. Sin embargo hay algo de lo que difícilmente podrá despojarse, y me refiero a eso que hemos llegado a denominar  naturaleza humana, en la cual está contenido el germen de la libertad, el honor, la creencia en la divinidad, el temor a la muerte, el respeto a la vida, la necesidad de una jerarquía del mando basada en el merito y la capacidad, etc., etc. Tan arraigados como lo son las leyes de la física, la biología o la química en la naturaleza, y a las que nos integramos, querámoslo o no, porque llegan a ser consustanciales para el desarrollo de la vida humana. Por esto, es necesario repensar que el acercamiento en armonía entre el reino del ser humano y el de la naturaleza, jamás podrán marchar en direcciones opuestas. La integración debe partir del reconocimiento que todo lo existente deberá estar al servicio de lo humano, y este acceso debe ser ordenado, e históricamente en evolución positiva. El olvido de estas normas fundamentales, ha conducido al quiebre de lo social, y de aquí surgen principalmente la pobreza, injusticia y  marginación. Para enfrentar tales desviaciones hemos venido ensayando en la historia diversos acercamientos, y la forma de esos acercamientos nos ha enseñado sobre los límites y potencialidades de tales esfuerzos.

En consonancia con lo anterior, ha surgido el perspectivismo, el cual tiene la  virtud de rescatar la individualidad del discurso individual, como un aporte insustituible en la construcción del mundo; sin embargo tales discursos, para servir de insumo en esta gran tarea, deben satisfacer requisitos fundamentales, para no romper esa armonía básica  de la cual hablamos arriba. El cumplimiento de estas reglas básicas, asegura que los aportes en este universal esfuerzo discursivo,  no degenere en un relativismo, el cual en sí mismo constituye una forma de anarquía.  Nefasta en la medida que posibilita el derecho a que cualquier idea, pueda  ser llevada a la práctica, independientemente de su adecuación a la realidad. Por tal razón es urgente que todo el conglomerado social  en este excepcional período preelectoral, se esfuerce por alcanzar el nivel mínimo requerido, para discernir entre lo conveniente, lo justo  y lo necesario, con el fin de evitar ser víctimas de  interpretación de la realidad ancladas en visiones descentradas , ilógicas o sospechosas. La historia no tendrá nunca una interpretación  triunfalista, y su evolución no puede ser predicha  en base a modelos de utopía que funcionen integrando actores desprovistos artificialmente de vicios y virtudes;

Lo expreso de manera directa porque las democracias de las que tanto nos jactamos, fácilmente se asimilan a mesianismos oportunistas, y no por casualidad, sino debido a las carencias propias de los  modelos de ejercicio del poder tradicional. Por tanto, en este momento nos encontramos frente al choque de cosmovisiones, cada una de las cuales responde a interese específicos; seguramente esta coyuntura no se resuelva solo con reformas, sino con cambios radicales, pero la medida de esos cambios deben de integrarse querámoslo o no, a un concierto más amplio, donde funcionan las esferas de pensamiento y acción que de buena o mala forma, han demostrado ser capaces de sobrevivir en el gran crisol de la historia.

El absolutismo contra el que se luchó ferozmente en las diferentes revoluciones a finales siglo XVIII, y de lo cual  surgieron las naciones modernas, nos ha enseñado que ningún modelo que se resista a la dinámica de la vida puede sobrevivir. Pero también es necesario señalar, que si bien es cierto que aquellas  revoluciones pudieron derrocar reyes, también lo es, que  sus adalides no pudieron sustraerse al influjo de las cosmovisiones que teóricamente habían cancelado. De aquí, no extraña ver como las nuevas naciones en formación, tarde o temprano hicieron uso del mismo despotismo que antes criticaron, y que en tales condiciones, se tornaron igualmente vulnerables, ante los conflictos que siempre surgieron en torno al ejercicio del poder. Enfrentaron tarde o temprano a gobernantes y gobernados.

¿Qué sucedió?  Todos sabemos el abismo que existe entre la teoría y la práctica, y lo profundo e impenetrable del mismo; aquí se encuentra anclado el ser humano. Sus limitaciones y potencialidades le convierten por derecho propio en el eje de la historia, y jamás será un medio sino un fin. En esto han errado no solo el capitalismo, sino el marxismo, y ambos se han nutrido hasta el día de hoy  de este grave  error  metodológico, lo cual no extraña debido a que ambos modelo ideológicos son herederos del cientificismo positivista del siglo XIX. Probablemente a la bases de todo esto exista el deseo de poder , centrado en aquellos que se apropiaron e instrumentalizaron, aspiraciones puras  surgidas del colectivo, como rechazo hacia la  decadencia generada en el seno del naciente capitalismo. Esto ha ocurrido en El Salvador, y la historia de cómo se construyo el moderno estado nación desde finales del siglo XIX, nos permite entender como ha venido creciendo la ola de resentimiento y pobreza hasta nuestro días. Esta coyuntura, ha creado condiciones objetivas para la penetración de ideologías contestatarias, y no por casualidad, pues la derecha se ha nutrido desgraciadamente con una visión positivista, siendo más permeable a sus intereses que a las necesidades del pueblo. Este es el talón de Aquiles, que es necesario curar para humanizar el país. Porque ya no es posible sobrevivir divididos, en un mundo globalizado; donde ya no somos pocos  sino varios millones, muchos de los cuales viven en la diáspora, en silencio junto al amargo cobijo de un destierro que mana leche y hiel.

Ante esta realidad, es preciso revelarse, pero hasta para realizar el acto de rebelión hay que meditar. No basta con aceptar ofertas exóticas para ser felices y exitosos. Tampoco es sano ser esclavos del miedo, renunciando al riesgo, siempre y cuando este no sea eco de un discurso fruto de un relativismo anárquico, o modelos de pensamiento que ya demostraron su desfase en la historia contemporánea .

 

 

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: