El Salvador. Elecciones presidenciales 2014.


 

Asistiremos en pocos días,  quizás a una de las elecciones presidenciales más controversiales e importantes de la historia de El Salvador. Y la razón es harto sabida, pues por primera vez en nuestra experiencia política, hemos  experimentado a un gobierno que agrupó,  a muchos de aquellos que principalmente en los años 80, se alzaron con la pluma o el fusil, contra el poder  tradicional. Y esto es bueno, sin embargo, nunca cometamos el error de olvidar, que este memorable logro político, se dio luego de una guerra que pasó factura a todos. Y por tanto, su fragilidad aun nos debería de hacer reflexionar, en el espíritu de tolerancia, así como del sano rigor a la hora de empuñar el cetro de la fuerza del estado para hacer justicia, principalmente cuando esta se usa como estrategia ,más propia de la guerra, que de la fraternidad.

La justicia no es una entidad absoluta, ni tampoco es ejercida por dioses, sino solamente una apuesta por lograr armonía social. La facultad de absolver o condenar no es patrimonio de ningún grupo o facción política, sino solo un instrumento más al servicio del pueblo, y nunca  por encima de la voluntad ciudadana; o en el peor de los casos, la mecha que  ya encendida, no promueva un mejor país, sino solo reinicie el ciclo de violencia, destrucción y muerte. De esto hemos tenido ya demasiado durante el siglo XIX y XX.

En este sentido, es pertinente a la hora de emitir un juicio político, no quemarse con ninguna bandera, sino atreverse a medir sin apasionamientos, la eficiencia y sabiduría del timonel que condujo el país , y a mejor escoger, al que en unos pocos días nos guiará en este nuevo quinquenio. Pero  desgraciadamente aquella guerra que cegó la vida a miles, aún parece alcanzarnos; la amnistía que fundamentó la firma de los Acuerdos de Paz a principios de los 90, ha cedido al rencor, y la venganza siempre está al acecho. Es cierto que el resarcimiento a las víctimas  de cualquier conflicto armado, siempre será infinito, de aquí, la imposibilidad de saldar estas cuentas, y en consecuencia, del peligro latente  de reiniciar un nuevo conflicto. Por ello, es necesario el cultivo del perdón, pero no únicamente como una virtud política, sino principalmente como una fuerza moral y espiritual, la cual se asiente no en los valores que emanan del poder, sino en la firme voluntad de reconocernos como hermanos de una gran familia, y este es el mejor paso para construir una gran nación.

Al entender esta dinámica, tal vez veamos un día, que  la política solo es un instrumento, el cual estamos obligados  a perfeccionar, no solo  en función del poder, sino principalmente para  la construcción de la armonía y paz social. Por esta y otras razones a la hora de ejercer el sufragio, nunca olvidemos que la política no es mala, pero que al constituirse  en el arte de gobernar, sus resultados siempre serán responsabilidad de aquellos que se atrevan en esta empresa  sagrada, y que la elección de estos es NUESTRO DERECHO.

  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: