El sagrado tesoro: ¿quién se lo llevará?



Al ver los diferentes canales de televisión, casi siempre se encuentra una constante, la cual puede resumirse en una sola: el interés. Lo cual no constituye por sí mismo un problema, sino la intención de quienes en última instancia pagan fortunas, para conducirnos hacia preferencias, desde las cuales pueden consolidar un poder, casi siempre centrado en una avaricia insolente y mortal.

 De aquí parte el mercadeo de las diferentes cosmovisiones, que se presentan a partir de variables culturales, políticas, económicas,  y religiosas. Se transa con la vida y la muerte…con la salvación dentro y fuera de la historia. Jugando con habilidad de prestidigitador con lo sagrado, porque si aún existe política o religión en este mundo, es por esa llama divina en la cual ya pocos creen , y no por esas estructuras idolátricas, que en mayor o menor medida se han aliado con ese “mal del mundo”, que atraviesa la historia desde el inicio de los siglos.

Y no por designio del destino, sino simplemente por el uso indebido de nuestra libertad, la cual existe como una potencia en cada uno de nosotros. Es una tarea monumental ejercerla.

 Van y viene los siglos y el corazón humano parece endurecerse cada vez más, y mientras tanto se apela de manera sospechosa a modelos doctrinales que continúan sacrificando a mujeres y hombres de buena voluntad,  en el reactualizado “Circo Romano”. Probable haya que apelar a modelos de rebelión diferentes, a los ensayados en actuales y pasadas épocas históricas. Quizás pudiéramos lograrlo al luchar por reencontrarnos con el absoluto que habita en cada uno de nosotros, tal vez así podamos recuperar el honor perdido y usurpado por todo este “Idola”, ante el cual nos obligan a postrarnos.

Y es a partir de este escenario, desde el cual se han creado esos espejismos fatales donde con facilidad caemos, y por el que fácilmente entregamos esa carga preciosa, que “sí tiene un valor eterno”.

 

 Estemos seguros que nuestro tiempo vital será siempre la moneda más valiosa, aunque no lo parezca, porque este mundo actual parece rendir como ayer, un culto casi infinito al reino del polvo y la ceniza.

Será la vida humana, una posibilidad única e intransferible para construirnos, no sólo como entidades biológicas, sino como realidades sobrenaturales, destinadas  a una plenificación que sobrepasa lo pretendido por cualquier estructura o modelos interpretativo humano.

Nunca se podría negar el valor de lo material, pero jamás debería convertirse en el sentido único de la existencia…el ser humano moderno se debate en el fatal dilema de conquistar el universo, o a sí mismo. Debería ser la historia humana una carrera por la libertad, justicia y felicidad, para restaurar la morada común que es el universo. De no hacer esto, la política, la religión, la educación, la economía, la ciencia, etc., no pasaran de ser los escalones que nos conduzcan, hacia una segura extinción material y espiritual.

 

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