El Salvador: elecciones presidenciales 2014.


Desgraciadamente en El Salvador, en lo que va del siglo XXI, existen dos apuestas políticas: la primera, con un electorado deseoso de justicia y bienestar, pero sobre todo, con buenas intenciones;  por el otro, un minúsculo grupo, ávido de poder y riquezas. Para quienes ya no es necesario, ni siquiera estudiar, basta con hablar bien ; quizás para mostrar cierto nivel de competencia aprendida, igual que un actor, representando un  papel ; como un hábil sofista , mintiendo con elegancia y persuasión.    A los primeros se les ha cancelado, casi en su totalidad, la memoria histórica, cual ciegos, sin pasado y futuro. Sólo con un presente, del que se les ha obligado a no tener conciencia -merced a un proyecto de alienación y consumismo -, marcado por la violencia y la muerte; donde campean la enfermedad, y el deseo inveterado por salir, algún día “bendecido”, hacia el  poderoso país del norte.

A los segundos, se les ha potenciado el cinismo, pero sobre todo, una forma especial de inteligencia animal, la cual desprecia de manera democrática, a todos los elementos del conglomerado social, exceptuando a sus grupejos. Desde los que ejercen un control despiadado, sobre los bienes materiales; poder económico acumulado, y destinado a financiar a todos aquellos que se sumen,[1] a esta labor histórica de opresión y empobrecimiento colectivo.

Por un escenario similar, sobrevino la Revolución francesa a finales del siglo XVIII, y si bien esto ocurrió en el continente europeo, su impacto al parecer sólo alcanzó en nuestra tierra, el imaginario de aquellos comerciantes del poder que hoy reclaman sus derechos, pero restringidos a sus grupos privilegiados. La mayor de las veces, vinculados a sectores de ascendencia racial, económica  o política, muy específicos. La igualdad en tal sentido, deberá ser entendida sólo entre sus pares, pero jamás como esa condición teórica, de la cual partió incluso, la misma independencia patria. Esta grave contradicción entre los discursos del poder y su praxis, ha llegado a nuestros días, ya transformada en tradición; donde se encuentra anclada una mentalidad,  de la cual parte esta enfermedad mortal  llamada subdesarrollo, que ya se hizo crónica, y que ha invadido hasta la última neurona, de quienes se acercan a querer dirigir los destinos del país.
Estamos llegando a la última parte del año 2013, y la carrera electoral ya mostró en El Salvador, los lastres de siempre – si bien algunas vergonzosas sorpresas – , acusaciones mutuas de corrupción, queriendo incluso cancelar candidaturas presidenciales. No dudamos que esto pudieran tener un fundamento sólido, más en un país donde la pobreza es permanente[2], la exclusión social, y migraciones forzadas  como principal fuente de divisas. Por esta y otras razones, no debería llamarse país, sino algo parecido a un experimento biológico de extermino social, o fábrica de esclavos. Tal vez, aquella arcaica mentalidad del conquistador  desde 1492, aún persiste en la teoría y praxis, de todos aquellos, que han venido a estas tierras movidos por aquella codicia añeja. Incluso algunos han creído echar raíces, pero no han pasado de  crear vínculos entre sus mismos grupos raciales, y desde aquí han pretendido con algún éxito, agenciarse el poder político, económico y social. No dudamos que desde estas mentalidades desarraigadas pero ensoberbecidas, se facilite y  potencie la beneficencia y caridad, como el estilo ad hoc para responder a las necesidades vitales de la población. Y para aquellos que se atrevan a rebelarse, la historia nos da ejemplos cruentos,[3] del porqué los cambios en este país, y en cualquier otro de Latinoamérica, JAMAS serán eficaces, si parten únicamente de ideologías arrancadas de otras latitudes, más aun si estas se basan en el enfrentamiento armado, o en una definición incompleta de lo que se ha entendido como lucha de clases.

¿Cómo es posible que estemos convocando a elecciones presidenciales para el 2014,  estando la política partidaria tan desacreditada,  y que aún no ha mostrado, que es instrumento útil para el bienestar social – excepto por su crónica adhesión a una u otra ideología, siempre en función de potenciar intereses elitista, sean estos  de izquierda o de derecha? Más bien, estamos frente a la inmadurez de la zona más profunda del ser humano, que pretendiendo ser los más aptos del cuerpo social, se han apoderado de manera violenta[4], de la oportunidad histórica que un pueblo posee,  para alcanzar su dignificación.

Recordemos que nuestra sociedad está  marcada por el mestizaje, y no como un simple dato étnico irrelevante; porque este se dio de manera violenta en un momento de la historia patria, y que aún no  se ha superado. Las minorías raciales, nunca han visto ni aquí ni en otras regiones de Latinoamérica, a las mayorías populares, como destinatarios dignos, ni muchos menos en aliados en el manejo del poder – con escasas excepciones -. En otras palabras, ahora que estamos frente a un nuevo escenario presidencial, es urgente revisar la historia, pero no como un pasatiempo o labor de haraganes, sino como el lugar donde podemos encontrar las evidencias, para  convencernos que en este  país es necesaria una revolución, pero no al estilo vaquero, sino una revolución que implique un cambio en la manera de entender nuestro entorno de subdesarrollo y atraso crónicos. Pero a partir la integración de esas variables dispersas, pero que al ser  armadas como un gran rompecabezas, nos facilitarían abandonar  de manera definitiva, aquellos esquemas repetitivamente insolentes , donde se  pretende vender el cielo y la tierra , a un conglomerado social, que muy poco o nada creen ya ,en las ofertas politiqueras de siempre.

Y para aquellos , que van como parásitos detrás del tiburón , levantando banderas y gritando para ensalzar a esos dioses muertos, que prometerán siempre , y que sólo cumplirán a sus cómplices…para esos seguidores incondicionales, hay que preguntarles si vale la pena entregar por unas monedas de plata , el destino de un país ; el cual debería ser más que lugar de tramafases y lugar de exterminio, el sitio sagrado donde un día seremos juzgados por nuestros descendientes .¿ Es esto importante ? al parecer la respuesta la están dando, no sólo los que se adhieren interesadamente a esta mentira crónica ,sino principalmente  aquellos que callan  y renuncian a pensar y actuar . ¿Por quien votarás?  y si cambiáramos la pregunta , por ejemplo , si vas al mercado y al comprar un producto , luego compruebas que es nocivo ; vas de nuevo y compras otro, e igualmente resulta malo , ¿ a quién le comprarías si no tienes más opción ?. Pensemos un poco, porque este es el último derecho al cual podemos renunciar.


[1] Aquí, encontramos a los grupos bisagra (porque articulan las relaciones entre los amplios sectores populares y los sectores hegemónicos), que  aglutinan intelectuales a sueldo, los cuales justifican  cualquier acción destinada a preservar el ejercicio del poder. También  podemos rastrear en este sector, otros personajes, tales como espías, matones, grupos sindicales, u organizaciones  de fachada.

[2] A pesar de correr por las venas anémicas de nuestra economía, la sangre real del dólar gringo. ¿Dónde está la contradicción?

[3] La matanza del año 1932 en la zona occidental, o la guerra civil de los años 80, en todo el territorio salvadoreño.

[4] Entendiendo que la violencia no solamente es física, sino principalmente ideológica; la cual, resulta no solamente más barata y de menor costo estratégico (violación de los derechos humanos, entrenamiento militar, demandas internacionales, etc.). La manipulación ideológica, se integra  de manera más compleja, dentro de una red, de la cual participan aquellas instituciones sociales rectoras; y por tal razón, su enfrentamiento es más difícil. Además, a partir de este proyecto de alienación histórica, se impactan aquellas regiones del subconsciente colectivo, donde es más difícil restaurar, hacia visiones ideológicas de talante realmente liberador.

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