“La cosmovisión moderna: zona de oscuridad en el despliegue de la historia”.


La construcción cuidadosa y tenaz de una determinada cosmovisión, implica el esfuerzo generacional ultra complejo, de una extensa red humana de intereses. Por ello, cuando vemos hacia dentro y fuera de nuestra conciencia, existe un horizonte interpretativo el cual actúa como frontera, que pareciera preexistir de manera independiente, y en tal sentido podría resultarnos incuestionable. Pero esto es sólo apariencia, porque la manera de comprender el mundo, es consecuencia de un consenso amañado, el cual obviamente no necesariamente ha resultado de la búsqueda desinteresada, del bienestar y felicidad de todos los seres humanos. No podríamos hablar de las bondades o desventajas de tal o cual sistema, si no atendemos sus resultados inmediatos, así también como los medios empleados en su consecución. No estoy completamente seguro de la tesis marxista, sobre el papel de la fuerza económica como el único motor de la historia; aunque sí, de su impacto inmediato en la conciencia colectiva, donde funciona de manera coherente, pero incompleta. Así como también, no creo de manera radical que el capitalismo es una fuerza demoniaca, a la que hay que combatir sin más. Toda forma de radicalidad ideológica o práctica, deberá ser reinterpretada a la luz de nuestras respectivas vivencias, actualizadas en el devenir histórico individual y colectivo. De aquí deriva el potencial científico aducido a una u otra visión del mundo, por antagónicas que sean, o convincentes que ellas parezcan. Casarse de manera indisoluble con cualquiera de ellas, siempre será motivó de sospecha. Me parece que deberá buscarse un balance eficaz, en todo aquello que promueva la dignificación del ser humano, pero con una buena dosis de eclecticismo. Denunciando sin parcializarnos, cualquier atropello que cometan contra la vida y dignidad humana, aquellos que por tener acumulado un capital material y simbólico, pueden ser capaces de impulsar un estilo de vida aberrante y suicida. Me refiero a quienes son dueños de compañías cinematográficas, periódicos, revistas, radios, cadenas televisoras, editoriales, etc.; señores de carne y hueso, que no serán precisamente los más doctos, pero seguramente los más ricos y ambiciosos.
Lo más interesante de este análisis, es que más allá de la simple acumulación de riqueza, existe la intencionalidad de reforzar , financiar y promover de manera directa a todo aquello y aquello(a)s ,que impulse el consumo de bienes materiales e ideológicos ; abonando a su proyecto generacional, de conservar y mantener el control sobre la respectiva parcela geopolítica , heredada como un botín , y matizada por un patrimonialismo leguleyo . De aquí proceden – en especial-, las modernas naciones latinoamericanas, cuyas historias se han gestado merced al empoderamiento de sectores minoritarios, en gran medida divorciados de las auténticas necesidades de amplios sectores de población.
Un ejemplo común y corriente, es el impulso y promoción del imaginario racista de la blancura, como fuente de poder, tan destacado actualmente – como lo fue en el pasado de la conquista y vida colonial-, por los múltiples medios de comunicación. Y esta blancocracia, puede ser rastreada desde los inicios de la colonización europea en el mundo latinoamericano, a partir de los siglos XV-XVI. Ciertamente, su influencia se ha heredado, pero no de manera definitiva en la conciencia de los pueblos, porque su cuestionamiento o remoción será una labor histórica; no sin antes enfrentar la cosmovisión de la cual partió, y a la cual sus actuales beneficiarios directos, no querrán renuncia jamás. Construyendo para ello, una serie de estrategias ideológicas generacionales, que si resultasen exitosas, determinaran su eventual éxito y supervivencia. Otro ejemplo importante para mejor entender un modelo cosmovisional, podría ser el siguiente: en los inicios de la historia humana, seguramente no existió el dinero como hoy lo conocemos, aunque si, una especie de intercambio de bienes y servicios, lo cual probablemente evitó se concentrara de manera masiva la riqueza en pocas manos. La tenencia de la tierra, y el ejercicio del poder sobre los diferentes grupos humanos, se vincularon indisolublemente a los modelos ideológicos jurídico-políticos y económico-sociales, que legitimaron paulatinamente las diferentes formas de gobernar. Estas estructuras ideológicas -saberes autorizados- , funcionaron muchas veces como argollas de muerte, en este proceso de cambios históricos, hasta llegar al tiempo actual. Porque desde ellas, se justificaron las condiciones de vida de grandes grupos de población; y como es bien sabido, el avance de la industrialización desde principios del siglo XIX, creó un enorme ejercito de pobres y desplazados, alcohólicos, vagabundos, prostitutas, y por supuesto, de los temibles y odiados – pero bendecidos- anarquista revolucionarios, que osaron desafiar cualquier poder opresor. Evidencia incontestable, de como el tan prometido paradisíaco sueño de la modernidad, se había convertido en verdadera pesadilla para la inmensa mayoría de la población mundial .
Ya desde finales del siglo XVIII, se inició una importante revolución en las ciencias , lo cual dio un impulso inusitado a las manufacturas. Esto favoreció un acelerado proceso de acumulación de recursos materiales, traducidos en poder económico, político y social. La cosmovisión que legitimó este estado de cosas, no fue producto del azar, sino fraguado por intelectuales destinados a crear a través de los diferente medios de comunicación, una específica manera de percibir el mundo, y en gran medida aceptarlo sin cuestionarlo. Esto último se fue acrecentando en la medida que la misma tecnología en materia de comunicación, adquirió mayor capacidad difusiva. Y en la misma proporción, aumentaron las distorsiones psicológicas, diseñadas para olvidar lo importante, y recordar sólo lo pertinente para que un estado de cosas determinado funcionase sin mayor problema. Una de las características de esta elaborada trampa, fue el prestigio acumulado por el saber científico-técnico; por el cual – y hasta ahora-, todo aquello que es leído en periódicos, libros, revistas, o escuchado por la radio, el teatro, y más modernamente a través de la televisión satelital, o del ciberespacio…adquirió para las grandes mayorías, y en especial para la audiencia más joven, un carácter de incuestionable verdad.
Las consecuencias negativas de todo esto, han sido disfrazadas, racionalizadas y hasta justificadas, pero nunca deslegitimando el proyecto cosmovisional del cual proceden. Las consecuencias del proceso antes descrito, han tenido sus respectivas lecturas en cada momento histórico, pero lo que resulta más inmediato, puede ser apreciado en el enorme descalabro global en materia de bienestar humano básico. Grandes sectores del planeta sufren hambruna, y un nivel de violencia tan descomunal, que resulta inaudito, para otras zonas con mejores estándares de vida. Sin embargo aún en aquellas regiones del planeta consideradas exitosas a nivel material, la crisis de valores, la contradicción entre el ser y el debe ser, la soledad, la falta de ideales…ha conducido a millones, a un tipo de violencia psíquica, no menos cruel, y mortífera que aquella. Y sin embargo, el modelo cosmovisional que genera y reproduce este caos, no puede con facilidad ser enfrentado, y si lo es, será a un alto precio…tan alto que los que lo paguen, podrán ser llamados con justicia, héroes o heroínas del mundo moderno.
Porque es y será un grave error, insistir en un proyecto que beneficia a un ultra minúsculo grupo empoderado generacionalmente. Para quienes el concepto del poder, está sobrevalorado, e infinitamente superior al de la vida humana. Por ello, las guerras estarán siempre a la orden, y su pseudo justificación patriótica, llevará a muchos jóvenes desorientados , a creerse las mentiras vertidas desde los aparatos propagandísticos .Ofreciéndoles grandes e importantes beneficios si se alistan en el ejército , pero arriesgando lo más valioso : la vida.
Detengámonos a pensar…los imperios que han caído, ahora como en el pasado, siempre fue por las contradicciones que construyeron y acumularon. Principalmente aquellas relacionadas con el respeto a la vida y dignidad humana.
Por lo anterior, el eje del tiempo no debería ser una variable intocable, para evitar acelerar este colapso, y para ello sólo bastaría que nos impusiéramos una honesta y liberadora labor de reflexión y acción .Porque para ver caer los yerros de la historia, no tendremos que esperar 500 o 1000 años, ni estamos obligados, excepto por nuestra pasividad o indiferencia.
Desafiar la cosmovisión vigente, puede ser un acto individual o colectivo, y esto de ninguna manera implica recurrir al terror o la guerra, eso no funcionaría en un mundo donde existe un control casi absoluto de lo que hacemos y pensamos. O donde las armas de destrucción masiva se han sofisticado. Enfrentarse con esta perspectiva es una lucha desigual e inútil. Existe algo más poderoso e indestructible, y se encuentra ubicado en la recuperación de una reflexión nueva, que parta de la realidad humana desnuda y sin maquillajes; desde la cual aprendamos a ver con otros ojos, y con otra inteligencia, el dolor, sufrimiento y marginación que abundan en el mundo.

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