“Juan Luis Segundo: la culpa en la cima de la evolución”.


La búsqueda de nuevos horizontes en la reinterpretación del papel del Iglesia en la historia humana, y a la luz de la historia del sufrimiento y opresión de los países del tercer mundo, permitió que Juan Luis Segundo se replanteara si el modelo de espiritualidad cristiana impulsado por el saber teológico tradicional, realmente estaba acorde a las exigencias del mensaje predicado por Jesús de Nazaret. En este contexto, rescata el papel de la evolución como fuerza intrínseca del cosmos, la cual subsume todas aquellas potencialidades que se han venido expresando de manera dialéctica en el enfrentamiento del ser humano con su entorno. A partir de esta reflexión se replantea la relación entre el binomio culpa y redención, para así poder entender como se ha gestado en la historia humana, la injusticia, la pobreza, la esclavitud y la muerte, derivadas de todo esto. Pero su preocupación radica en entender como la teología ha colaborado por acción u omisión en este contexto, y para ello enfrenta desde la tradición neotestamentaria a los evangelios sinópticos con su concepción fijista de pecado como la transgresión de una sociedad corrompida que rechaza el plan de Dios, y a esto opone la interpretación que hace el evangelio de Juan , donde el pecado ya no es visto solo desde la perspectiva de transgresión individual, sino que lo ve desde una óptica universal y cósmica, donde el “ mundo “ , adquiere la connotación no solo del lugar , sino de estructura ideológica , que se opone y choca con la Verdad que es Cristo; y que no acepta la interpelación de la dinámica de cambio que impone la revelación que hace el mensaje de Cristo, sobre la oscuridad de lo que antes no era, y hoy sí es pecado. Este rechazo sistemático, que es el verdadero Espíritu de la Mentira, adquiere forma concreta en los modelos de opresión y muerte históricamente identificables. Y por tanto responsables – más que el pecado individual – , del sufrimiento humano; este es “…el pecado del mundo…” al que hace alusión el evangelio de Juan (Jn 1, 29), y con ello se recupera la interpretación que más se acerca a la concepción teológica que pretende entender desde la historia, la responsabilidad última del pecado.

Así, el tiempo como dimensión humana, rescata en su desenvolvimiento dialéctico una realidad antes no reconocida de manera tan clara, lo cual podría entenderse por la preeminencia sospechosa de una versión de lo temporal más vinculada a los fenómenos de la naturaleza ; la cual en gran medida a provocado una escisión dentro de la que el ser humano , pareciera estar fuera de la historia. Sólo como espectador pasivo, de fuerzas cuyo último control esta de manera clara en grupos hegemónicos, los cuales han instrumentalizado este contexto. En este escenario, no existe la posibilidad de rebelarse contra la estructura de pecado, porque la represión pareciera adscribirse al castigo merecido por quienes estando presos del pecado original, no pueden hacer nada fiable desde su naturaleza caída. Así mismo, la ambigüedad del concepto de Satanás como responsable del mal en el mundo, es deslegitimada desde la interpretación del Nuevo Testamento, donde es Jesús “Señor de la Historia”, y no Satanás, quien en verdad posee el control sobre la dinámica del mundo. Porque aunque tenga una estructura que se opone a Dios, también es el lugar donde se da la gracia, la salvación y la redención. Causa última de la encarnación, pasión y muerte del Salvador.
Por lo anterior, es imperativo recuperar la libertad perdida merced a una alienación que impone la ideología dominante. La Iglesia al estar insertada en este contexto, debe responder a la luz de los evangelios, cual es su nivel de culpabilidad, e impulsar desde este planteamiento, un cambio del modelo de espiritualidad emanado de un saber teológico fijista.
De lo anterior, se concluye que al insertarse el ser humano en el contexto de su historia, y desde una praxis liberadora, podrá ser capaz de transformar la injusticia y opresión, otrora consideradas como castigo o prueba obligada para poder entrar al paraíso.
Pero dentro de una perspectiva evolutiva que busque insertarse en la teología cristiana, recuperando la intencionalidad de un modelo de cristianismo ya no basado en la moral personal, donde el pecado es visto de manera univoca dentro del ser humano individual, sino apuntando a una perspectiva cósmica, trazada por el evangelista Juan ,donde la concepción de “Mundo”, como el lugar , o estructura que crea la ideología con la cual la humanidad genera la injusticia, la opresión, el odio.Constituyendo un tipo de pecado de carácter colectivo ,ligado ya no a individuos específicos , sino de manera fundamental, a cosmovisiones erradas de las que emana un poder deshumanizante . Todo lo cual establece un sistema circular, que adquiere un carácter fijo e inamovible, donde la mayoría de la humanidad se encuentra sometida. Existiendo un pequeño sector hegemónico el cual se ha apropiado de aquella ideología opresora, volviéndola en instrumento efectivo para su perpetuación como grupo dirigente.
Dentro de esta estructura , la Iglesia al haber ponderado solo la responsabilidad individual ante el pecado , y la concepción de salvación restringida al ámbito de un modelo de conversión y salvación, no solo de carácter individual , sino fuera de la historia. Ha permitido que las estructuras ideológicas del mundo, que alienan y destruyen la vida humana, no solo se fortalezcan sino que se perpetúen.
Siendo el ser humano una realidad fusionada entre la horizontalidad de la naturaleza y la verticalidad de lo trascendente, su papel en el entorno de la historia estará determinado por su concreta inserción en la misma, a partir de La Luz de la Verdad que es Jesús, que potencie su proyecto de humanización, y evite toda ideologización que amenaza su proyecto de liberación, al cual ha sido lanzado por Dios “Señor de la historia”.
No existe otra posibilidad para que pueda responder en este proyecto de construcción dialéctica, excepto la que le brindan las circunstancias reales dentro de la cuales su personal momento histórico se despliega; y así, convertirse en fermento en el momento de la crisis, que genera de manera ineludible el contexto evolutivo en el cual está inserto como ser contingente. Y del cual depende que la sociedad como tal, se conduzca hacia un nivel de humanización mas optimo.

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