“Manuel Enrique Araujo: un mártir olvidado. (1913-2013)”.


En El Salvador nos encontramos hoy igual que hace un siglo, en una tremenda crisis política, economía y social .Fue el entonces presidente Manuel Enrique Araujo (1865-1913), quien se pronunció a favor de cambios sustanciales en beneficio de los grupos mayoritarios. No sólo redujo el precio a los insumos básicos para labores artesanales, y a los medicamentos, sino que elevó los impuestos a las exportaciones del cafe y a la comercialización de alcohol, pero esto último con la clara misión de frenar el alcoholismo, que ya estaba pasando factura a la sociedad de aquella época. Araujo fiscalizó de manera estricta las arcas del Estado, controló a las sociedades de beneficencia, y anuncio severas penas para quienes se atrevieran a sobrepasar la línea de la honradez. Lo anterior no pareció ser agradable, ni mucho menos conveniente a los grupos gobernantes tradicionales, a tal punto que se fraguó un golpe de Estado, al poco tiempo de haber llegado al poder. Sin embargo la decisión estaba tomada, y este ex presidente además de los antes mencionado, reorganizó el manejo integral del Hospital de Venéreas, llegando incluso a importar de Europa los medicamentos más avanzados de su época para contrarrestar el flagelo de la sífilis que para entonces era mortal. Para él la prostitución, fue vista no desde una moralidad miope, sino como el resultado de una sociedad empobrecida, que empujó a muchos, no sólo a este tipo de desviaciones, sino también a la vagancia, delincuencia, criminalidad,etc.
Está extensamente documentado, cómo el alcoholismo tuvo un repunte en la sociedad salvadoreña, en especial cuando las condiciones de pobreza y marginación se agravaron; y de cómo los gobiernos liberales de la época, impulsaron este vicio de forma expresa, no sólo porque en el encontraron una fuente de lucro importante, sino principalmente, porque con este vicio se mantuvo de manera estratégica, un mejor control sobre una población en crisis y proclive a la violencia.
La multiplicación de cantinas fue astronómica, así como de su control, y distribución, hasta el último rincón del país. En este contexto, para 1913 el entonces presidente Manuel Enrique Araujo, parecería no haberse asimilado al modelo ideológico tradicional en el ejercicio del poder. De aquí las múltiples intrigas que sacudieron su mandato presidencial, las cuales culminaron con su asesinato el 9 de febrero de 1913. El cual nunca se aclaró, pero que podría inferirse, aunque no sin dificultad, que se debió a su decidida postura frente a la injusticia social.Por lo anterior, la historia debe ser rescatada y actualizada en contexto, de aquí resulta extraño que su figura no tenga la relevancia de otras, que sólo funcionaron legitimando las políticas de Estado .Por ello en este 2013, rescatar el perfil heroico y transformador que tuvo este ex presidente mártir, no sólo es necesario, sino fundamental para atrevernos a construir un mejor país en El Salvador.

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