¿ Independencia o colonialismo disfrazado ?


En Latinoamérica más que el idioma, nos une la cultura y la historia; en tal sentido, el desarrollo que como continente hemos tenido no sólo es similar, sino que pareciera haber sido generado por las mismas fuerzas históricas.
El colonialismo que se impulsó casi como una etapa obligada en el desarrollo de estas regiones, desde la conquista española hasta principios del siglo XIX, no se acompañó de una independencia real – como se ha divulgado en la historia oficial-, sino como una expresión ideologizada con la cual los criollos y peninsulares rescataron sus intereses como grupos de poder, otrora explotados por la metrópoli. Pero que ya desde de la coyuntura post-independentista, recrearon en gran medida los anteriores mecanismos de control sobre los sectores mayoritarios. Con esto, se continuó de manera disfrazada con el antiguó esquema de dominación, pero ya con la máscara de una modernidad que rescató la retórica de un nacionalismo que sólo respondió a intereses específicos, de grupos de poder con fuerte raigambre colonial. No obstante, en realidad no pareciera haber sido esto tan esquemático, porque dentro de estos sectores descendientes de los antiguos conquistadores, hubo disputas principalmente entre 1820 y 1870; pero en la medida que el capitalismo se dinamizó y consolidó, estos sectores dirigentes latinoamericanos – en el último tercio del siglo XIX- , buscaron integrarse para enfrentar los retos de lo que se llamó la modernización de las incipientes naciones.
El avance del capitalismo desde mediados del siglos XIX, determinó el empoderamiento progresivo de América del Norte ; quienes pasaron a ocupar de hecho los centros de poder , acaparando y controlando todos los sustratos de la economía regional, e infiltrando con un enorme aparato cultural a los sectores dominantes. Esto favoreció en gran medida el avance norteamericano, el cual buscó asimilar a las elites dirigentes latinoamericanas, haciéndolas participes no solo de jugosas prebendas financieras; sino fundamentalmente creando en el imaginario popular, el culto hacia un poder que no sólo era económico y político, sino principalmente cultural. Dentro del que se fusionaron la doctrina del Destino Manifiesto, y de su papel casi mesiánico, como raza superior destinada a gobernar el mundo. Todo esto, se difundió como el ideario de la nueva y exitosa sociedad norteamericana; que también encajó con el imaginario latinoamericano de la blancura y pureza de sangre, como expresiones incuestionables de una raza superior, y que frente al indígena funcionaron como un símbolo de poder y sometimiento. Esto no evitó el enorme mestizaje, así como sus consecuencias en la estructura social de la época.
Son emblemáticos los casos de la invasión filibustera a mediados del siglo XIX en la historia nicaragüense, así como la forma en que se gestionó el territorio para la construcción del actual Canal de Panamá a finales del siglo XIX.
Así, el nuevo colonialismo capitalista norteamericano, pasó a ser el modelo desde el cual se ha generado el relevo histórico de toda América Latina.

    • Sarahi Aguilar
    • 20/04/13

    Excelente entrada a su blog.

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