Hoy amanece de nuevo para todos.


El mundo que vivimos a diario, cada uno desde su rincón, sea este un palacio o la más humilde cueva; desde el más encumbrado personaje, hasta el más olvidado y despreciado de los mortales. Se convierte en posibilidad insustituible, para arriesgarnos a ver más allá de la neblina que este mundo ha creado, y dentro de la cual pareciera que no hay salida.
No son la política, el arte, la ciencia o la religión, caminos obligados y seguros para descubrir lo que muchos llaman plenitud humana. Pues con algunos aciertos y grandes desaciertos, vemos como el mundo en medio de una grave crisis, casi pareciera arder en llamas.
Pero esta crisis, ojalá sólo fuera económica y política…es más profunda, porque en ella se aprecia como el mundo ha convertido al ser humano,ya no un fin en sí mismo; quizás sólo un instrumento desechable y útil en la búsqueda de intereses “muy modernos”. Donde siempre existe un precio que pagar por la construcción de este paraíso a ultranza ,el cual se ha convertido en “la nueva conciencia”, de un mundo que hoy nos pasa factura.
Sin embargo, todos estamos anclados de manera inexorable a una realidad donde cada segundo brota y se extingue la vida; ante esta evidencia – quizá la única donde puede haber igualdad – , cualquier ser humano sólo es una hoja en el viento…donde se esfuman hasta los sueños locos y destructores de imperios que se pierden como espejismos en el tiempo.
¿Qué es vivir? pregunta difícil de responder ,porque hemos aprendido el camino que nos conduce a una especie de inmortalidad falsa; la misma que nos impulsa a aventurarnos en mundos ficticios donde gastamos las perlas preciosas de la vida.
Y en este laberinto donde habitamos, olvidamos la ruta originaria que ha sido puesta de manera inexplicable en cada uno de nosotros. Donde el verdadero sentido de la vida pareciera que sólo puede ser captado en algunos breves y escasos instantes de lucidez; en medio del fragor de lo que pareciera ser “la vida”, de aquello que otros nos han querido mostrar como la vía regia de la redención y salvación; donde quizás sólo se encuentre una ilusión sospechosa y cómplice.
Por ello, cuando asistimos a un nuevo amanecer, asistimos no sólo a un evento astronómico, sino al anuncio del principio de algo…para algunos la oportunidad de hacer más dinero. Para otros, quizás su último día en esta dimensión material. Otros lo verán con disgusto por tener que ir de nuevo, quizás a ese trabajo enojoso y frustrante.
Pero este amanecer, independiente de lo que pensemos, sintamos o queramos, será el anuncio del misterio de la posibilidad de construir, “NO EL MUNDO QUE OTROS QUIEREN PARA ELLOS “,sino el que cada uno de nosotros absolutamente necesita, y con urgencia está obligado a descubrir.

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