¿Quién nos educará para la libertad?


Cuando nos insertamos en el mundo, nos enfrentamos de manera casi automática en una cosmovisión que nos modela y en gran medida determina. Y en esto se esconde el profundo sentido del rumbo que llevamos de la cuna a la tumba.
Actualmente ya no hay mucho tiempo para pensar, pues esto se ha vuelto algo casi obsoleto,en esta dimensión humana construida con el sentido práctico de la producción y el consumo. No extraña la gran demanda que tienen los negocios de la evasión, drogas, pornografía, y de modelos teóricos expresamente diseñados , donde las mentes de miríadas de humanos vierten sus energías hasta agotarlas. El culto a la soberbia de tener siempre más, sin un sentido preciso y valedero; apurando la vida casi con desenfreno, de una existencia que nadie quiere cuestionar, porque la libertad del acto supremo de pensar se ha convertido sin más ,en el pecado del siglo…
Los valores , las virtudes y todo aquello que de manera espontánea nos emociona e impulsa al heroísmo y la santidad ; lo que la tradición nos ha heredado como un equivalente y referente de la dignidad humana, ha sido excesivamente relativizado , hasta convertirse en algo extraño e inoperante en esta nueva maquinaria moderna . Este nuevo modelo de libertad , ajustado a la cuenta y la medida de quienes se han autoerigidos en jueces y maestros de la historia, está ahogando no solo a sus víctimas sino también a sus victimarios. Porque su sentido último no es enseñarnos a ser libres.
La libertad no es un concepto abstracto, sino un estado dentro del cual un ser humano siente en plenitud su existencia. No es un simple estado de ánimo, sino la convicción de estar dentro de una realidad construida en vínculo indisoluble no sólo con la vida, sino con el honor y la dignidad. Estos discursos parecieran estar fuera de lo que los censores de la cultura moderna han descalificado, porque ellos ya tomaron su decisión, al promover la desesperanza y el hastío, que produce un mundo que ha sido desarraigado de su mejor destino.
La pobreza que surge de esta esclavitud, y que es más temible que la simple falta de pan , es el estímulo más genuino y universal para hacernos repensar el rumbo que llevamos como seres humanos individuales , y en consecuencia como naciones y continentes.

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