¿Pensar desde el ser humano, o desde la ciencia y técnica?.


Una de las razones que impulsaron el desarrollo de la filosofía del siglo XX, fue el redescubrimiento de la finitud e irrepetibilidad del ser humano, como una apuesta radical a la toma de conciencia de nuestro papel en el mundo. Para Heidegger esta iluminación no fue por azar, sino que al parecer se produjo en un momento marcado por el auge de una conciencia moderna que reclamaba la preeminencia de la ciencia y técnica. Lo anterior ya había sido señalado, por autores emblemáticos como Nietzsche desde finales del siglo XIX; pero que no fue rescatado de manera eficiente por los liderazgos mundiales, excepto para incorporarlo a un modelo cosmovisional marcado por el “deseo de poder”. Las dos guerras mundiales dan fiel muestra de lo antes señalado, y en tal sentido los costos de esta mentalidad, que aún – y quizás hoy con mayor vigor – , se encuentra instalada en el imaginario colectivo.
Los logros tecnológicos parecen haber suplantado la necesidad de buscar otros derroteros para el ser humano, y por ello el recrudecimiento de visiones biologizadas de la realidad, han colocado de manera tajante, una estructura jerarquizada donde el ser humano es medido por su capacidad de lograr objetivos. Los cuales son previamente establecidos por este modelo civilizatorio, que rescata de una manera muy elaborada, el principio de la sobrevivencia del más fuerte. Ciertamente en la selva, el animal más débil y frágil deberá morir; por esto no es difícil captar la extrapolación de esta dinámica estrictamente biológica, a un orden mundial el cual se rige por estos pseudo dogmas científico-técnicos. Impulsados a diario por medios de comunicación, casados con los intereses y objetivos de este modelo civilizatorio.
Somos testigo de un modelo histórico, que promueve los logros de sus respectivas culturas como evidencias de superioridad; minimizando e invisibilizando al resto, para convertirlos de manera programada en simples espectadores, o escalones sustituibles del avance de la historia. La moral se convierte en una herramienta fácilmente adaptable a las necesidades de quienes dictan no solo las modas en el vestir, sino de manera más grave, en el pensar y actuar. Los códigos morales de las religiones más poderosas, no son claros a la hora de señalar lo verdadero de lo falso; diluyéndose en elucubraciones manejadas desde una lógica sui generis, pero que en gran medida se aleja del real y autentico interés por la Vida intramundana. Sí, nos interesa la salvación ultra terrena, pero antes queremos ver que esta se enlaza de manera coherente con la vida intrahistórica; aunque para ello tengamos que romper con estructuras de pensamiento, las cuales parecieran responder a una cosmovisión que rechaza una vida digna y justa.

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