El Papa Francisco I y la Compañía de Jesús .


El poder de la Iglesia Católica es incuestionable, saber hasta dónde llega este poder es pretender entender la pregunta última que todos los seres humanos de una u otra manera intentamos en la vida poder comprender, y quizás en alguna medida resolver. Así, el insondable abismo que esconden el miedo a un castigo ultra terreno, o la infinita e incansable búsqueda de un destino donde la justicia sea perfecta y la paz perpetua, forman parte de la realidad humana. Actualmente esta búsqueda parece estar más agudizada en medio de un mundo que colapsa y se rompe a pedazos, y donde proliferan múltiples corrientes de pensamiento que parecen todas como en un gran mercado vender su mejor propuesta, y a pesar de todo este esfuerzo pareciera que ya no hay más por hacer.
Ciertamente ocurren grandes cambios, pero hay que aceptar que muchas cosas medulares también tienen un carácter permanente ; la ciencia nos ha enseñado que el conocimiento del mundo no es algo acabado y por ello se acepta que es en gran medida relativo y en continua expansión ; pero no todo es ciencia , y por ello también hay que ser honestos y aceptar que la realidad humana es una constante que ha precedido cualquier descubrimiento y por tanto no es cierto que lo humano como totalidad haya pasado de moda, ni que pueda ser relativizado de manera antojadiza .El exceso de racionalidad pareciera estar envenenado el mundo de hoy ,la ciencia pareciera ser la nueva religión , para convertirse en un reduccionismo peligroso donde la cuenta y la medida forman la vara que taza todo y a todos. De aquí nacen el racismo, la discriminación, y el exterminio físico y psicológico.
¿Pero qué tienen que ver todo esto con el tema de la religión, y en especial de la Iglesia Católica?; en especial de sus últimos acontecimientos que han dejado al mundo entero sorprendido. La renuncia del Papa Benedicto XVI, y la llegada inédita de un jesuita como el nuevo Papa Francisco I, se nos presentan como un reto a la comprensión no sólo como Homo faber, sino también como Homo religiosus. Es preciso no dejarnos sorprender por las corrientes que la propaganda mediática ha propuesto como única salida de interpretación, esto es más compleja y peligrosa. No podemos ignorar que en esto se juega algo más que intereses políticos o económicos…sería muy fácil caer en esta trampa y ser víctimas de los poderes ocultos que también buscan crear sus propios imperios. La dimensión humana y material de la Iglesia Católica no está por encima de su papel como rectora de la espiritualidad de una enorme porción de la humanidad, de aquí su enorme responsabilidad; porque no es posible romper en pedazos lo que para muchos es solo una tradición más. Estamos frente a un horizonte misterioso donde habita algo más que un desafío a la razón, y que de una manera u otra ha llegado a formar parte fundamental de nuestra cosmovisión, respondiendo en este sentido a la arquitectura metafísica propia del ser humano.
Lo anterior somos libres de aceptarlo o rechazarlo, pero en esta decisión debe existir un fundamento mayor que la simple apelación a presuntos o reales pecados, que demuestran la crisis no sólo de la Iglesia, sino principalmente del mundo del que todos formamos parte. Demoler es más fácil que reconstruir, y en este sentido creo que se debería participar para que lo santo y sagrado de la Iglesia Católica se preserve y transmita como se ha hecho por más de dos mil años.
Para la Compañía de Jesús es grandísimo honor tener un Papa entre sus filas, pero a la vez una responsabilidad que saben bien no va a ser fácil de llevar ,porque no es suficiente tener la excelencia académica , ni los galardones , ni los miles de libros o de artículos publicados a través de los siglos para escalar en la montaña de la santidad ; por ello , hay que recuperar ese ingrediente que el secularismo ha robado no sólo a los miembros de esta orden – con algunas excepciones -, sino también a otras agrupaciones de diferentes iglesias cristianas ,que por andar persiguiendo legítimas reivindicaciones humanas han olvidado aquella mística que invita a seguir a Cristo, para convertirse en un grupo más dentro de un mundo en caos. Por esto, la imagen y las primeras intervenciones del Papa Francisco I tienen algo de lo mucho que esperamos del Vicario de Cristo – para aquellos que son católicos-, y para quienes no lo son, este hombre que ahora está en la cumbre de la pirámide de la jerarquía católica, pareciera con sus primeras intervenciones ya inspirarles confianza y paz. Esto es lo que queremos y necesitamos como un buen comienzo, porque los problemas que ahora vivimos todos, no son ni serán fáciles de resolver; y para ello se necesitará más que soberbia intelectual, se precisará santidad.

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