EL SALVADOR. SIGLO XXI: UNA REFLEXIÓN ANTE EL MUNDO CONTEMPORANEO.


Teoría y praxis resumen dos polos de la vida humana, determinando la dimensión por excelencia dentro de la cual se teje el éxito o fracaso de los proyectos civilizatorios; pero el dilema inmanente a este fenómeno está marcado por la falibilidad de los actores que posibilitan su pervivencia en el tiempo.
Los derroteros que se trazaron para la construcción de esta historia que “llamamos humana” ,la cual misteriosamente – quizás – podría estar determinada por una ruta non sancta en la cual estamos todos enlazados constituyendo el súmmum de la vida.1 Y en este sentido, la pertinencia de establecer la responsabilidad de los fracasos más que de los éxitos – vae victis – ha quedado establecida por aquellos que han utilizado el poder de los símbolos, con pretensiones de verdad. Respaldando así, el ejercicio de un poder que se subsume en todos los ámbitos humanos, no precisamente para buscar su libertad, sino todo lo contrario.
No existen dudas que luego de un crimen por perfecto que parezca, siempre algunas evidencias surgirán en la línea del tiempo, como posibilidades reales para vindicar a víctimas y a victimarios…porque ambos necesitan de la paz de la verdad para la recreación de un mundo, que nace siempre a partir del caos; el cual es intrínseco a la naturaleza humana.2 Podría ser esto un eco hegeliano de la primacía del ser absoluto en el desenvolvimiento de la historia, pero también la sobria aceptación de la maldad humana como intrínsecamente ligada a esta realidad mundana. Como una herencia maldita en perspectiva de ser superada en el desenvolvimiento del proyecto humano.
Justicia para el equilibrio de la realidad, sobre la imperfección consustancial de todo acto humano; lo cual es garantía de la hipótesis planteada, para que el equilibrio de la balanza se facilite de múltiples y variadas formas. Aquí la libertad posee una vertiente dramática, porque nos enfrenta a otra dimensión en la cual adquirimos un estatus que excede a la materialidad humana, y rescata una fuerza oculta en la que tiene asidero un factor no entendible desde el complejo cálculo del máximo y los mínimos: esencia del poder terrenal.
Asistimos -desde esta perspectiva- a la posibilidad de cambiar en cualquier dirección la dinámica histórica, y esta radicalidad se encuentra asentada en una zona de la conciencia, lugar privilegiado donde la mentalidad científico-técnica, aún no logra llegar por convicción, y por conveniencia. Todos esos retazos de existencia que pueblan el silencio de las líneas del tiempo, poseen los secretos escondidos de la iniquidad más oscura, pero también la luz eterna del heroísmo anónimo que cada segundo se pierde, casi sin recibir los laureles del éxito, mucho menos del poder .Pero se constituyen en una fuerza creadora cuyo impacto se deja ver desde esa transhistoria que anuncia la plenitud de la existencia humana….
Ella deberá responder no solo a intereses y proyectos individuales, sino principalmente servir de guía y carta de navegación para las generaciones que de ellas participen. Porque la mentira y el subterfugio que han caracterizado a muchos esquemas ideológicos , pasando a ser verdaderas trampas dentro de las que se han ahogado por siglos pueblos sometidos no solo por la fuerza de la espada sino por la inexorable labor destructora de la hiedra que produce “la ciudad letrada “.3 Es decir, no podemos ejecutar voluntariamente a nadie argumentando con filosofías pérfidas que el hacha que usamos ha sido fabricada con joyería fina y oro de veinticuatro quilates.4 A menos que se hayan creado los dispositivos para adormecer, esterilizar o eliminar el esfuerzo reflexivo de la conciencia colectiva. Sin hablar de las conspiraciones ultra elaboradas por detener, secuestrar y neutralizar a los héroes e iluminados que todo pueblo por derecho natural tiene a ver florecer en su propio terruño.
Existe una tergiversación orquestada de la verdad,5 diseñando para tal efecto espejismos imbuidos de una amalgama sui generis, la cual asimila todo lo necesario para mostrar la tragicomedia de la vida presente como paradigma de la felicidad. Existe una sola dimensión en la que lo humanos velis nolis compartimos nuestros triunfos y fracasos, definidos a partir de paradigmas establecidos por un conglomerado de valoraciones, las cuales representan los estándares oficiales de lo bueno y lo malo. Es precisamente en este contexto de elaboraciones conceptuales rectoras de la conducta humana donde se encuentran las claves para poder entender muchos de los problemas que nos aquejan como conglomerado humano. Primeramente tendremos que establecer quienes han sido o son, los personajes investidos con el poder de legislar en todos los campos. Antiguamente la religión ocupó un sitial privilegiado dictando normativas que no solo pautaron los estilos de la vida terrena sino principalmente ultra terrena; sin embargo el despliegue y empoderamiento del racionalismo desde el renacimiento, logró fracturar la ligazón entre ambas concepciones, progresando hacia un eventual divorcio entre la fe y razón. Ambos caminos sufrieron las consecuencias de esta revolución dado que la formación de los Estados – nacionales europeos y latinoamericanos desde finales del siglo XVIII y XIX – fueron asistidos por las corriente ilustradas que fueron saturadas por un racionalismo a ultranza, desembocando en muchos casos en un materialismo ateo. La religión fue utilizada por el poder terrenal desde siempre, y esto no obsta para rescatar los tesoros escondidos intrínsecos a su labor especializada, lo mismo es aplicable a todo lo desarrollado en las diferentes labores políticas, científicas, filosóficas etc., por todos aquellos actores que participaron en la construcción de las sociedades en sus diferente periodos históricos. No existe una explicación honesta que pueda cancelar la injerencia de ambas líneas de acción en la organización del universo social ; por una lado, el ser humano se ve enfrentado a una existencia limitada y prolongable de acuerdo a los avances que la ciencia define , pero que la certeza de una vida orgánica indefinida parece ser por ahora , más que una utopía dentro del modelo exclusivamente cientificista, una falacia bien armada que solo podría responder a interés oscuros o sumamente tergiversados.
Por otra parte, la religión se impone no como una salida más, sino como una necesidad ante la inevitable pregunta por trascendencia, no solo para ser coherente en un mundo marcado por el poder de la biología, el proyecto genoma humano, y el repunte científico-técnico-entre otros- ; para construir la imagen conceptual que vuelva nuestro “estar en el mundo” más humanizado. Es decir, de una cosmovisión que estructure una esperanza real, y dé sentido a cada acto nuestro como especie , dentro de una programática que nos ligue a un centro de poder que está más allá de los límites de la misma ciencia y la religión.
El avance del proyecto científico-técnico ha producido concepciones ideológicas con las cuales muchos imperios en sus diferentes épocas han ejercidos el poder, violentando las estructuras más intimas de las diferentes regiones del planeta. Ciertamente en la antigüedad no existieron avances tan notables como para justificar tales aseveraciones, pero no podemos negar que en la medida de este análisis las diferentes experiencias del poder se materializaron en civilizaciones que dominaron mejor el manejo de las armas, la estrategia militar o el uso de una diplomacia agresiva. Muchas veces fueron justificadas con la anuencia de sus respectivas religiones, muchas de ellas paganas ; pero a medida que la historia avanzó, la separación entre la religión y la actividad política, económica, militar, científica, etc., se fue volviendo más marcada hasta apuntar en la elaboración de una salida construida desde los principios del poder político más que de la ciencia. Es decir, el avance de las civilizaciones hegemónicas desde el Medioevo hasta el presente definió una controversia en la cosmovisión que más debió ajustarse como principio a la maximización del poder. No extrañan las disputas sobre la naturaleza del indio en tierras Americanas, y de los tan conocidos proyecto de eliminación de estos grupos humanos cuando se sublevaron rechazando los abusos del colonialismo europeo.6 ¿De dónde emanaron estas discusiones sobre la real humanidad de estos pueblos colonizados? El paradigma utilizado fue no solo la superioridad en el arte de la guerra, sino la fuerza con la que se logró imponer la ideología invasora buscando sustituir la civilización dominada por la otra, aquella que la ocupaba por medio de la violencia hegemónica.
Estas carencias históricas ha ejercido su efecto, estimulando de manera patológica el acendrado espíritu de imitación; el cual nace precisamente ante la pérdida de la esperanza en los valores propios, sustituyéndolos con otros, extraños y sospechosos; proceso cuyo objetivo se teje de manera rigurosa a la sombre de poderes esclavizantes… a pesar de tener una conciencia más que primitiva de la caducidad que la vida nos impone a todos por igual, y de la ineludible tarea de perpetuarnos con dignidad en el tiempo.
Pero todo este acto discursivo esta subsumido en el desciframiento de las vivencias del misterio de la existencia humana como individualidad irrepetible, y derechos inalienables a ser puertas sagradas a la insondable totalidad del cosmos; entendiendo que la comunicación de todos estos valores anclados en el horizonte de la tradición humanista, constituyen un privilegio y una responsabilidad para todos aquellos que transitoriamente ocupamos un lugar en la historia.
Así, el arte del pensar como le llamaba Heidegger es un reto a la habilidad incluso de quienes han pasado años persiguiéndola, quizás por rutas y metodologías equivocadas; porque en el acto del pensar están involucrados no solo aquellos saberes adquiridos a base de esfuerzo, tiempo y dinero, sino más grave aún es el determinar la intencionalidad con la cual hemos de aplicar este poder; el cual, la mayoría de las veces ha demostrado ser terriblemente destructor al ser comprado por un puñado de monedas .
¿Para qué tanto esfuerzo en el difícil y escabroso terreno de la reflexión ante los retos del mundo material, si al final se tiene empeñada la libertad y el honor? No cabe duda que la más difícil tarea aún no se ha definido y actualizado de manera digna. El rumbo que finalmente podemos dar a nuestros esfuerzo particulares, están todos inmersos en este dilema moral. Dado que cuestiona las raíces más hondas de nuestras decisiones cotidianas, y somete a juicio universal cada proceso de pensamiento dentro del cual existimos de manera real.
Desde el más encumbrado de los líderes e intelectuales, hasta el más humilde y anónimo ser humano que poblamos el mundo presente, de manera inexorable nos enfrentamos a nuestro proceso de emancipación o esclavitud. Y es pertinente advertir que este escenario, la mayoría de las veces se da en el silencio casi sepulcral de lo más íntimo de nuestras conciencias, y es en el que finalmente se decide el destino histórico de nuestros pueblos.
Si, es cierto que existe una manipulación de las mentes, a través de la coacción y la mentira; las que se encuentran mayormente fusionadas en ideologías, muchas de las cuales solo responden a intereses ilegítimos. Pero aún así, es posible desafiar las trampas que nos mantienen desde larga data sometidos en celdas oscuras de prisiones invisibles, pero no menos desesperantes.
Ante todo este conjunto de valoraciones no del todo gratas, es posible romper estas estructuras, las cuales habrá que cuestionar con autenticidad y honestidad: “si padecemos porque somos víctimas, o porque además también somos indolentes al ejercer el privilegio de la reflexión crítica”. Solo a través de esta disciplina insustituible personal y colectiva, es que podremos alcanzar la verdadera libertad para construir desde nuestras propias perspectivas geográficas e históricas, las bases fundamentales de un verdadero progreso. Digo “verdadero”, porque la dimensión material sola, adolece de falencias graves si nos adscribimos erróneamente solo a ella. Pues es pertinente reconocer que el ser humano es una realidad que rebasa con creces los límites del mundo físico , y por tanto necesita de otros insumos que no proceden de los clásico entrenamientos para el dominio del mundo material. Es aquí, donde tenemos que rescatar valores exitosos anclados en la tradición humanista, y que no pueden ser de ninguna manera minimizadas, ocultados o rechazados, a menos que quienes lo haga sepan responder “por qué y para que lo hacen”; y no solo eso, sino que deberá explicar las razones del atraso y empobrecimiento apocalíptico que sacude a las sociedades mal llamadas tercer mundistas.

NOTAS.

1.Más bien deberíamos llamar a la historia humana una antihistoria debido al papel desempeñado por plasmar de manera ambigua y tergiversadora muchos datos que han impedido la consecución armónica de la solidaridad humana.

2.Pero si bien es cierto que el discurso del poder es una “estrategia compleja”, de acuerdo con Foucault, también ahí se encuentra su debilidad, lo que el autor expone de la siguiente manera: “El discurso trasporta y produce poder; lo refuerza pero también lo mina, lo expone, lo torna frágil y permite detenerlo‖. Ver: Michael Foucault, Historia de la sexualidad 1: la voluntad del saber, Siglo XXI Editores, S.A., Vigésima edición en español, diciembre de 1992 (7°. ed. España) p. 123.

3.Ángel Rama en La Ciudad Letrada, al referirse a los intelectuales pertenecientes a un ordenamiento ideológico específico, los describió como la ―…otra ciudad, no menos amurallada ni menos sino más agresiva y redentorista, que la rigió y condujo. Es la que creo debemos llamar la ciudad letrada, porque su acción se cumplió en el prioritario orden de los signos …obviamente se trataba de funciones culturales de las estructuras de poder, cuyas bases reales podríamos elucidar…‖Ver: Ángel Rama, La Ciudad Letrada, talleres gráficos de Arca S.R.L., Montevideo, Uruguay, 1998,p. 32

4.La experiencia humana no puede tener un simple papel de “intermediación pasivo” como lo afirma el filósofo alemán Jürgen Habermas, quien retomando a Brandon, subsume el juego de la vida a una filosofía de tipo estrictamente lingüístico. Ver: Jürgen Habermas, Verdad y justificación. En: “De Kant a Hegel”, Editorial Trotta, S.A., Madrid, 2002 p.162.

5.Entendida como el dato de primario con el que definimos las coordenadas de nuestra “teoría y praxis” en el mundo de manera digna. Y en consecuencia, proceder a la construcción de la historia con las acciones humanas ejecutadas pero dentro de un espíritu de libertad autentica. (N. del A.)

6.Recordar la Junta organizada por el Rey Carlos V, y librada en Valladolid en el año de 1551 entre Juan Ginés de Sepúlveda y Fray Bartolomé de Las Casas.los argumentos esgrimidos por el primero rescataron la visión aristotélica dentro de la que los indios americanos debía ser considerados como esclavo y por tanto hijos de la naturaleza. Así, nada bueno podía esperarse de ellos; solo podían ocuparse sus cuerpos. (Ver: Libro I de la Política. Aristóteles). De Las Casas defendió la humanidad del indio, apelando en su argumentos a la Biblia, a la tradición de la Iglesia Católica, y al iusnaturalismo ya descrito por el fraile dominico Francisco de Vitoria dentro del que se rechazaba de manera tajante el derecho de España de hace la guerra a los pueblos de América solo por tener una cultura diferente. Al señalar esto quiero poner en relieve las pugnas de la época entre quienes buscaron defender los interés materiales de la conquista sin respeto por la vida y la dignidad de los seres humanos sometidos, y por otro lado la lucha de algunos representantes de la Iglesia católica por revertir este proyecto de destrucción .

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